Con una dulce canción de amor,
Con una melodiosa voz de caballero,
Ironía lúgubre, que con la belleza de un cantar,
Me acordase de un golpe

Que me dejó dormida en tu regazo,
Que me dejó abrasada de ira y de dolor…
Que me tiró en tus brazos, rezando poder odiarte,
Cuando realmente te amaba más que a un mundo,
Y me daban ganas de abofetear a quien te hizo cambiar,
De verte divino a sentir lástima por ti,
Quien hizo que me mostraras la bestial parte cruel de tu ser,
Después de conocer en tus ojos el amor frío,
Pero al fin y al cabo amor,
Al fin y al cabo llenabas un hueco en mi ser,
Al fin y al cabo te amaba.
Y te amo.
Y aún sigo sin creer como fuiste capaz de enterrarme aquella daga,
Incluso cuando me habías prometido jamás lastimarme,
Y lo hiciste de la manera más atroz, más feroz y más impía que pudiste,
Y después de todo eso,
Te amaba.
Me dijeron que el amor sin dolor no lo es,
Pero ¿Debe ser tanto dolor?
Y no me queda otra cosa,
Más que sentarme en la mesa esperando a que cambies,
Y con cada palabra que dices empiezo a pensar que si puede pasar,
Pero al recordar todo de golpe,
Al escuchar una canción,
Lloro.
Sólo me resta, quitarme las lágrimas con la mano, sonreír, y fingir que nada ha pasado.
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