Este poema, es dedicado al bello mausoleo Taj Mahal, una joya de la arquitectura hindú, y un monumento al amor. Muchas leyendas giran en torno a su origen, pero yo quiero retomar en este humilde escrito, la idea de un amor, un gran amor, que alguna vez existió, y rendir un homenaje, a esta maravilla visual y espiritual. Sé que algunos se preguntarán "¿De qué ·$%&/%%& habla? Ya que en este poema, incluí aspectos históricos, si es posible, visiten alguna web donde contenga datos clave de su construcción, así será más fácil.
Taj MahalDenisse Hernández Valderrábano
En Agra, mojado por Yamuna,
Poderoso de la gran Mogol,
Construyó Sha Jahan su amor colosal,
Edificio glorioso, merecedor del título de castillo del cielo,
Arrogante y orgullosa torre,
Escritura sagrada plasmada para los milenios,
Mumtaz Mahal convertida en piedra eterna,
Su nombre escrito en la corona,
Su cuerpo cubierto por la luna,
Veintidós órbitas de labor,
Con veinte mil pares de manos puestas en el sol,
Con un amor que fue que no cabía ni en aquel inmenso templo.
Cuando Mumtaz Mahal calló las voces en su lecho,
Y cayó tras la cortina de vida que la cubría,
Pidió a Sha Jahan, su amor, convertido en maravilla,
El con el corazón llorando y los ojos lloviendo,
Preguntó a los súbditos que con él había,
“¿Con qué puedo construir lo eterno?”
“Con piedra, lo que más perdura” respondió uno de ellos…
“Pues entonces, será la más hermosa”
Fue de Jodphur donde se trajo blanca y dura piedra,
Mármol que se levantaría haciendo un eco,
De quince voces se oiría el grito,
De quince veces que se multiplicarían en aquel aire
Encerrado y bendito por el amor,
En una cárcel donde encadenado estaría Sha Jahan
Atado para siempre con el hierro de su pasión.
Hermosa Mumtaz Mahal,
No se te puede traer el cielo, no te puedo traer una mortaja de nubes,
Ni un féretro de divino sol,
Pero te traigo lo que más te puedo traer,
Con mil grandes bestias,
Te traigo turquesas del Tíbet,
Te entrego ámbar de Birmania,
Te regalo lapislázuli de Afganistán,
Te otorgo crisolitas de Egipto,
Te ofrezco jaspe de Punjab,
Te imploro que aceptes zafiros de Ceilán,
Te doy ágata de Yemen,
Te pongo a tus pies cristal y jade de China,
Te llevo coral de Arabia,
Te brindo diamantes de Golconda,
Y malaquita de Rusia, y cuarzo de los Himalayas, ámbar del Océano,
Y todo lo que quieras…
Cuanto le lloró Sha Jahan a la mujer que más amó,
Cuanto amó a la mujer que tanto lloró,
Para haber sentido en su alma el peso de aquellas piedras,
Simples piedras, piedras blancas, piedras de colores,
Preciosas y duras,
Piedras…
Y desgarrador padecimiento de amor,
Y trituradoras lágrimas, pesadas llagas en el pensamiento,
En la razón, en el corazón,
Sha Jahan no quizo morir, se negó a caer
Sin antes decirle al mundo
“Cuánto te amé Mumtaz Mahal”
Sin antes gritarle en el silencio de una bóveda sepulcral
Un lúgubre murmullo de un “Te amo”.
Y levantando la mirada hacia su obra
Habrá rezado con su ferviente boca Sha Jahan:
“Con cada detalle, quiero darle perfección,
Pero nunca será la tuya,
Nunca será tu candidez,
Tu cuerpo envuelto en suave capa de inocencia,
Tu inteligente hablar y tu alentador toque”.
Mumtaz, un suspiro para tu aliento
Para tu cabello, una ráfaga de viento,
Para tu boca, el más rico manjar,
Para tu cuerpo, un lujoso ajuar
Para tu piel, un aroma de todas las flores,
Una fragancia, que en su esencia guarde mil colores,
Para ti… todo el amor.
¡Cántale belleza, al Yamuna que moja tus faldas!
¡Cántale belleza, a tu majestuoso titán de roca!
¡Rézale belleza, a tu divinidad yacida en tu seno!
¡Rézale belleza, a tu deidad que rompe cadencia!
En su última fuerza, Sha Jahan,
Cuando la vida se despedía de su cuerpo, una mirada,
Tan sólo una mirada,
Fue lo que le dio el feliz deceso,
Por un espejo, observó lo que sería al mundo su mensaje
Lo que sería la maravilla de su tierno amor,
Taj Mahal…
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